Veinte Rosebuds en Vuelapluma

Veinte Rosebuds en Vuelapluma

Enero de 2014

Autor: María Escribano

‚ÄúEl se√Īor Kane fue un hombre que tuvo cuanto se puede desear y lo perdi√≥ luego. Puede que Rosebud fuera algo que no pudo conseguir o algo que perdi√≥‚ÄĚ.

Secuencias finales de Ciudadano Kane

‚Äú¬ŅC√≥mo voy a resistir el dolor de todo lo que se ha perdido sin dejarme siquiera el sue√Īo de una edad pr√≠stina, te√Īida tal vez por el violeta de la melancol√≠a, sin un mito de la expulsi√≥n que sirva para interpretar mi dolor?.‚ÄĚ

J.M.Coetzee.

¬ŅPero hubo alguna vez una edad pr√≠stina y si la hubo, fueron los hombres que tuvieron la fortuna de vivirla, conscientes de ella?. Desde el principio de los tiempos parece que el ser humano fantase√≥ con la idea de una Edad de Oro en la que los dioses y los hombres eran uno y a la que segu√≠a la escisi√≥n, la degradaci√≥n y la p√©rdida. Hes√≠odo nos ha dejado la primera narraci√≥n de ese orden descendente desde el oro al hierro, que planear√° sobre occidente durante siglos, de tal modo que podr√≠a decirse que el recuerdo de una Edad de Oro o de un Para√≠so Perdido, ha sido uno de los grandes temas de la cultura occidental.
Pero es sin embargo desde el Renacimiento, un momento de ruptura con un mundo de fronteras precisas y de precaria delimitaci√≥n de otras nuevas , un momento de descubrimiento de nuevos mundos f√≠sicos e imaginarios , cuando esta conciencia de p√©rdida y esta a√Īoranza de plenitud a la que llamamos melancol√≠a, te√Īir√° con mayor intensidad toda la cultura de occidente. El neoplatonismo, abonar√° la idea de un alma infinitamente luminosa en su origen a la que la materia oscurece y a la que el aprendizaje devuelve parte de lo que ha olvidado. De ello se seguir√≠a igualmente que la melancol√≠a pod√≠a transportar a un estado que permit√≠a recobrar la clarividencia, el conocimiento en estado puro, por intuici√≥n directa. As√≠ los artistas, nacidos bajo el signo de Saturno, ser√≠an aquellos a los que su condici√≥n melanc√≥lica permitir√≠a vislumbrar la visi√≥n del para√≠so y el arte el lugar en el que se acababa alumbrando el fruto de esas visiones.

Desalojado de la vida cotidiana el neoplatonismo, reducido casi exclusivamente en nuestro tiempo a estanter√≠a de erudito, la melancol√≠a mostrar√° sin embargo su resistencia, su capacidad para mutar y seguir afectando a todos cuantos tienen la sensaci√≥n de haber perdido algo o no han encontrado todav√≠a lo que buscan. Y as√≠ la sicolog√≠a vendr√° en su ayuda y ensayar√° una explicaci√≥n distinta (y quiz√° no menos plat√≥nica) para esa a√Īoranza porque no es ahora una vida anterior, pero si la infancia, la proveedora de ese conocimiento m√°gico que proporciona la medida exacta del nombre de las cosas. La sic√≥loga, Marion Milner, investigadora de referencia en la relaci√≥n entre juego y creatividad, no puede evitar asociar ese momento con ‚Äúel poeta primitivo que hay en cada uno de nosotros‚ÄĚ e incluso pensar que ese estadio de la vida ‚Äúse parece demasiado a las visitas de los dioses‚ÄĚ. La madurez, la entrada en la raz√≥n, supondr√≠a la gran fractura, la privaci√≥n de la intimidad con la realidad y es el arte el que de alguna forma volver√≠a a devolvernos parte de ella.

En 1941, cuando Am√©rica comenzaba a salir de la Gran Depresi√≥n, Orson Welles realiza Ciudadano Kane y la m√≠tica pel√≠cula no es una emotiva confesi√≥n de experiencias inici√°ticas como cabr√≠a esperar de un joven de 26 a√Īos , sino la historia de un hombre poderoso y depredador contada desde su ni√Īez hasta sus momentos finales . Fiel a la tradici√≥n que encuentra en el desenga√Īo y la decepci√≥n, uno de los principales resortes de la creaci√≥n art√≠stica, Ciudadano Kane puede leerse como una denuncia de la futilidad del poder y los bienes materiales, pero es sobre todo un dram√°tico lamento de la irremediable p√©rdida del para√≠so de la inocencia. Orson Welles vuelve as√≠ en esa obra realizada en estado de gracia, a narrar la melancol√≠a de un hombre simbolizada en una palabra, Rosebud , y en un objeto, un trineo, que el fuego acaba consumiendo y cuya √≠ntima asociaci√≥n entre ambos, el gran secreto de la historia, quiz√°s de todas la historias, solo el propio Charles Foster Kane y nosotros los espectadores conocemos . Mientras lo vemos consumirse en el fuego de la gran chimenea de Xanad√ļ, esa escena final vuelve a recordarnos de nuevo el imposible encuentro de las palabras y las cosas, perdido en el mundo ideal de la infancia y origen de cualquier forma de melancol√≠a. ¬Ņ Como no evocar ante ella El sue√Īo de Colerigdge, y pensar en Rosebud como una nueva manifestaci√≥n de ese arquetipo, ese objeto eterno al que Borges imagina ingresando paulatinamente en el mundo para agregar a la realidad sue√Īos como el palacio de Kublai Khan y el poema de Coleridge?.

Pero vivimos ya en otro tiempo y sufrimos otra modalidad de Gran Depresi√≥n. En El lobo de Wall Street, Scorsese relata tambi√©n la ascensi√≥n y ca√≠da de un triunfador posmoderno, depredador como Kane, pero a diferencia de este sin un Xanad√ļ real o imaginario que habitar, sin un Rosebud que situar en una edad primigenia, sin la a√Īoranza de la llegada de ning√ļn arquetipo, de ning√ļn objeto eterno. A diferencia de Charles Foster Kane, Jordan Belfort , no se nos presenta como un personaje melanc√≥lico rodeado de obras de arte, sino como alguien que , por citar dos obras de un gran melanc√≥lico contempor√°neo , J.M. Coetzee, ha sobrepasado la Edad del Hierro para aterrizar En medio de ninguna parte, en un mundo infernal, sin pasado, sin referencias y sin jerarqu√≠as. Un medio ciertamente hostil para determinado tipo de artista, para determinado tipo de arte‚Ķ si no se opta por salirse del tiempo, por rebelarse contra √©l.
Esta exposici√≥n parte de una conversaci√≥n sobre la pel√≠cula de Welles. Reunir a una serie de artistas, para que nos desvelaran su Rosebud personal, fue una tentaci√≥n irresistible y quiz√° un atrevimiento , aunque bien mirado , ¬Ņqu√© otra cosa contin√ļa haciendo el arte ,al menos aquel que sigue interesado en el deseo de conciliar el mundo ideal y el mundo sensible, sino tratar de resucitar el Rosebud primordial?. Elegimos a artistas, diez hombres y diez mujeres, que estuvieran en il mezzo del camino, un buen momento para extender la mirada sobre el pasado y tratar de descubrir a que imagen asociaron el vislumbre de la plenitud y si esa imagen fue despu√©s una referencia en sus vidas o en sus obras. Una imagen que puede aparecer soleada como la c√ļpula del palacio de Kubla, aunque flotando en el abismo tenebroso , pues no ignoramos que el arte ha podido nacer justamente de esa desgracia, de esa p√©rdida de inocencia, de ese pecado original de la memoria, porque ¬Ņqui√©n desear√≠a en occidente cantar un para√≠so que no se ha perdido?. Nuestro pecado nos conforma como hombres tanto como nuestra gracia de modo que nuestro olvido, nuestra mutilaci√≥n primordial, nuestra insatisfacci√≥n, nuestra melancol√≠a en fin, es una llamada de atenci√≥n a los dioses para que acepten el reto y acaben por reconocernos y devolvernos el tiempo perdido.

Veinte Rosebuds en VuelaplumaEs muy posible que cuando escribi√≥ el gui√≥n de Ciudadano Kane, Orson Welles admirador de los poetas rom√°nticos ingleses, conociera Xanad√ļ, el famoso poema de Coleridge, pero no hab√≠a podido leer el cuento de Borges publicado en Otras Inquisiciones en 1952 . Quiz√°s el viejo trineo haya viajado ya al universo de los arquetipos para simbolizar, como el arte, aquello que nos saca del tiempo, que nos despierta del letargo de la existencia para devolvernos un instante de iluminaci√≥n. Tambi√©n nosotros confiamos en que la serie de sue√Īos y trabajos no haya llegado a su fin y en que no cesar√° el n√ļmero de so√Īadores que en cualquier lugar y en cualquier momento nos devolver√°n las cosas, las rescatar√°n de los sue√Īos para darles la forma de un palacio, un poema, un m√°rmol, una m√ļsica o una pintura. Fue con esa esperanza, con esa secreta intenci√≥n, con las que, en una noche de primavera, Eugenia, Gemma y yo planeamos esta exposici√≥n.

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