Catálogo exposiciones Galería Van Art

Texto Cat√°logo exposiciones, mayo a octubre de 1994

Autor: Vicente Ferr√°n Martinell

Galer√≠a Van Art, de Madrid, mayo-junio 1994, y Galer√≠a Vi√Īas, M√°laga, octubre 1994. Con la colaboraci√≥n de Espacio de Arte Contempor√°neo.

El silencio de las estancias

Iba yo esta ma√Īana pensando en lo que hab√≠an de ser estas l√≠neas. Paseaba a orillas del mar y segu√≠a los cambios de una atm√≥sfera voluble, en plena primavera, al tiempo que acechaba el cabo del hilo, lo que me llevar√≠a a escribirlas.

En innumerables ocasiones hab√≠a recorrido este lugar acompa√Īado de Brigitte Szenczi y Juan Antonio Ma√Īas. Me sent√© en lo alto de una duna, pero esta vez, en lugar de mirar el horizonte, me puse a mirar para adentro. Era cuesti√≥n de volver a visionar ‚ÄĻ‚ÄĻlos cuadros‚Äļ‚Äļ que a lo largo de los a√Īos, m√°s de quince, hab√≠a ido viendo surgir, casi d√≠a a d√≠a, en su estudio. Por ello era un espectador privilegiado e inevitablemente parcial. Mas no iba a dar yo aqu√≠ juicios de valor. Tan s√≥lo decir lo que ve√≠a, desde tan cerca‚Ķ

Y al ir repasando, así, en la mente, los trabajos de ambos artistas, surgió una pregunta, que cobraba cuerpo al tomar en consideración los cambios que se habían ido produciendo en su obra.
¬ŅEran estos cambios lo distintivo de su quehacer art√≠stico o bien, al contrario, por debajo de ellos pod√≠an vislumbrarse unas constantes que lo englobaran todo, hasta el punto de no ser los cambios m√°s que meros disfraces o, mejor todav√≠a, distintas maneras de ir diciendo, de ir ahondando, de irse acercando a lo mismo, hasta llegar a descubrirlo?

Tal cuestión iba a ser el hilo conductor de estas líneas, en la confianza que sería fructífero.
Pues bien, al haber repasado así, en mente, el conjunto de su obra, dos etapas se me ofrecieron diferenciadas.

La primera ‚ĒÄ aquella por la que Brigitte Szenczi y Juan Antonio Ma√Īas hab√≠an comenzado su trabajo en com√ļn ‚ĒÄ se hab√≠a caracterizado por basarse en un asunto √ļnico con una manera casi √ļnica de tratarlo. Me refiero a las im√°genes cinematogr√°ficas y a su tratamiento en osados relieves. Aunque este asunto √ļnico ‚ĒÄ el cine ‚ĒÄ no lo era tanto, desde el momento en que daba pie a la mayor variedad de situaciones y escenarios. Posibilidad de la que nuestros artistas no se hab√≠an privado, ofreci√©ndonos en su producci√≥n de ese periodo escenas que iban desde la antig√ľedad b√≠blica hasta las fantas√≠as futuristas. Pero tambi√©n resultaba innegable que al volver a visionar estas obras surg√≠a de su conjunto una poderosa sensaci√≥n de unidad, que acababa por imponerse.

¬ŅQu√© es lo que daba cohesi√≥n a asunto tan variado?

Pregunta bisagra que, si recibía una respuesta satisfactoria, quizá nos permitiría circular ya libremente por la obra de ambos artistas.

Ese sustrato de cohesión vi que podía cifrarlo en tres elementos, cuya presencia consideré constante, y a los que decidí denominar: el relato suspendido, el gusto por la belleza y el gusto por lo raro.

Primaban en su obra escenas en la que los lugares y los personajes se hallaban en una singular relación hasta surgir de la trama que se establecía entre el lugar y sus moradores una situación, una historia. Situación que nuestros artistas tomaban en el preciso momento en que el sentido de lo que sucede queda suspendido. Y se convierte en un enigma. A eso es a lo que llamé relato suspendido.

Otras veces, sin embargo, era el ser humano el que pasaba a ocupar el primer plano y se individualizaba. Al tratar la figura humana, lo que los artistas intentaban poner de relieve era esa suerte de armonía que se establece entre el aspecto externo de la persona y su ser interior. Hasta darnos a entender que la belleza humana se pone de manifiesto cuando se da esta armonía.
Pero hab√≠a m√°s, un contrapunto ‚ĒÄ el tercer elemento ‚ĒÄ que confer√≠a a las obras un sello decididamente personal y que contribu√≠a a que √©stas s√≥lo pudieran tener como autores a Brigitte Szenczi y Juan Antonio Ma√Īas. Este tercer elemento, dif√≠cil de definir con palabras, quiz√° en raz√≥n de su misma potencia visual, pod√≠a calificarse de gusto por lo raro, por lo bizarro; debido a una afinidad con el arte de los gabinetes de curiosidades. Era una nota de indiscutible modernidad, que se inmiscu√≠a as√≠ en la vertiente m√°s clasicista de las dos propuestas anteriores.

Pues bien, cuando en 1983 decidieron dejar en suspenso la imaginer√≠a cinematogr√°fica, para ir en busca de unas im√°genes propias, Brigitte Szenczi y Juan Antonio Ma√Īas siguieron fieles a los tres principios b√°sicos que acabo de enumerar. Fueron con ello desarrollando esa peculiar po√©tica de los lugares y de lo humano, que es lo que esencialmente les define, y que constituye esa constante, siempre presente en sus obras, por la que nos pregunt√°bamos al comienzo de estas p√°ginas, pues en ellos la innovaci√≥n se da desde s√≠ mismos.

Me queda ahora por ver c√≥mo se hab√≠a ido desarrollando esa po√©tica de los lugares y de lo humano en los a√Īos posteriores, en qu√© aspecto se hab√≠a ido poniendo el acento y en el posible significado de todo ello.

Se recordar√° que hab√≠a comenzado mi indagaci√≥n sentado en una duna, frente al horizonte marino; pero mientras andaba con esos pensamientos el cielo se hab√≠a encapotado, el aire se hab√≠a vuelto desapacible, por lo que me fue necesario ponerme a resguardo. Al empujar la puerta de la casa, me recibi√≥ la estancia en sombra. En ausencia de sus moradores, el silencio se hab√≠a hecho m√°s denso. En ese ambiente examin√© las √ļltimas obras de los artistas y las que de inmediato las hab√≠an precedido.

De nuevo aparecían los lugares, aunque ahora más delimitados que nunca, incluso enmarcados a veces dentro del cuadro, resaltando así su cualidad de escenarios. Pero en el entretanto alguna cosa se había transformado en esos escenarios. Todo aparecía en calma, envuelto en una capa de silencio y quietud. Lo que en ellos sucedía era algo que había sucedido.

S√≠, lo sorprendente, lo nuevo, en estas √ļltimas obras de Brigitte Szenczi y Juan Antonio Ma√Īas es que las estancias se hab√≠an quedado extra√Īamente vac√≠as. Quedaban en ellas las huellas de anteriores presencias: los objetos, los enseres, los instrumentos de las personas que las hab√≠an habitado. Pero estos objetos, as√≠ dormidos, singularmente dispuestos, se dir√≠a que pertenec√≠an a un sue√Īo mineralizado. La escena all√≠ vivida, o quien sabe si el sue√Īo de esa escena, ya hab√≠a tenido lugar y ahora nosotros, espectadores de esos escenarios, s√≥lo pod√≠amos percibir los restos, las huellas, las reverberaciones de lo que all√≠ hab√≠a pasado. Singular arqueolog√≠a. Y lo mismo ocurr√≠a con esos paisajes urbanos o campestres, que son como paisajes presentidos, como reverberaciones de s√≠ mismos.

Y a√ļn hab√≠a algo m√°s sorprendente y nuevo en la obra de los artistas: la ausencia de lo humano. O, si se quiere, una forma distinta de manifestarse lo humano.

El hombre y la mujer, que anteriormente se manifestaban en toda su plenitud carnal, se hab√≠an ido mineralizando, troceando, convirtiendo en estatuas. Incluso la anatom√≠a hab√≠a llegado a arquitecturizarse, como esos personajes de Brigitte Szenczi que se sostienen sobre piernas que son balaustres y ostentan por pecho una cornisa. Seres humanos convertidos en pura arqueolog√≠a. O bien convertidos en una aparici√≥n espectral, al igual que ese hombrecillo de la gabardina de Juan Antonio Ma√Īas ‚ĒÄ entra√Īable fantasma.

Hay un personaje femenino de Brigitte Szenczi cuya belleza es perfectamente visible y, a pesar de esa misma visibilidad, ya no nos llama a enga√Īo. El aspecto trasl√ļcido, casi transparente del cuerpo, su presencia asomando tras una enigm√°tica puerta de luz, nos indican que se trata de una aparici√≥n: D√Ęen√Ę, √°ngel femenino cuyo nombre nos llega desde las orillas del mazde√≠smo.
Estas estancias de √ļltima hora son como vanitas despojadas de cualquier desgarro tr√°gico: quietas, sosegadas, como si las cosas de este mundo llegaran a pervivir en su reverberaci√≥n.
Son arqueologías, huellas, reverberaciones, fantasmales apariciones en las estancias del silencio.

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